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12 February 2013 @ 04:43 pm
Vean hacía el horizonte... ahí va, volando rauda, mi alta médica...  
Probablemente a nadie le interese...

Probablemente quienes lean "In Joy & Sorrow" se sientan estafadas porque debí emplear ese tiempo terminando el capi que les debo...

Pero las cosas pasan y es bien poco lo que una simple mortal puede hacer para evitarlas.

Si han seguido esta telenovela sabrán que lo que comenzó con una sana curiosidad por determinado fic de TH acabó decantando en una obsesión algo insana por un personaje en cuestión.

En las ultimas semanas el personaje en cuestión y yo hemos enterrado el hacha de guerra y desarrollado una suerte de "amistad" (Si, el 90% de quienes lo saben me tachan de loca por trabar amistad con un fake), pero como el idiota es un interesado de mierda, por cada cosa que le pido me exige algo a cambio y viceversa, porque yo también soy una interesada de mierda..

Su ultima petición fue un drabble... a sabiendas que yo solo escribo Drarry. En fin, como no le puedo negar nada, helo aquí.






Título: De fantasías y sueños húmedos

Autor: Harukana

Categoría: Slash

Género: Romance (fluff)

Advertencia: Twincest not related, chan.

Disclaimer: Las personas reales son sus propios dueños, lo que hacen aquí le pertenece al autor. Todo lo demás es parte de la serie De Once y demás números.

Capítulo único


La primera vez que la oyó supo que allí había algo raro y se dijo que probablemente aún seguía dormido. Porque era imposible que esa voz estuviera en su cuarto, al menos no mientras él dormía.

Pero la ilusión estaba bastante bien lograda, poseía esa misma inflexión y serenidad con que él impregnaba cada palabra mientras le leía. Algo que a él le encantaba y le impelía a cerrar los ojos y prestar reverente atención (o al menos lo intentaba, hasta que su incontinencia verbal lo obligaba a interrumpir con cosas como, “¡Es evidente que Samwise está colado por Frodo, cualquier imbécil se habría dado cuenta!”).
Culpó a la resaca al malestar generalizado que lo envolvía, (aunque no recordaba haber bebido la noche anterior) y se dejó envolver por el sonido sin prestar real atención a la trama.

oOo

Tenía calor… y frío. Por si eso no bastara le dolía el cuerpo como si la banda de guerra de la escuela militar le hubiera pasado por encima. Hizo el típico juramento de no volver a beber, a sabiendas que la determinación sólo le duraría hasta el próximo fin de semana. Intentó moverse, lo que sólo consiguió que se le escapara un quejido poco digo, esa pesadez generalizada era diferente a su habitual flojera, era más bien como sentir los miembros rellenos de plomo.

Se lamió los labios, sólo para encontrarlos resecos y calientes. Oyó un breve alboroto a su alrededor, un momento más tarde alguien apoyaba una pajilla en su boca y susurraba “bebe”.
Obedeció, más por necesidad que por tener real conciencia de lo que estaba haciendo. Ronroneó de gusto al tragar, estaba helada y con el equilibrio justo entre dulzor y acidez que le supo a gloria.

oOo

La cosa mejoraba a ojos vista, ahora alguien frotaba un paño húmedo sobre su frente. Refrescaba bastante, en especial cuando bajaron por sus mejillas. Era de los sueños más sin sentido que hubiera tenido, pero se sentía agradable así que no lo cuestionó, hasta que “algo” rozó sus labios, un algo suave, familiar y que sabía extrañamente a limonada.

Abrió los ojos por acto reflejo, encontrándose con la visión un tanto borrosa de un chico que le sonreía a un palmo de su rostro. Hizo bizcos hasta conseguir enfocar adecuadamente.

—¿Once? —preguntó, con una sonrisa chueca, entre extrañado y complacido. El sueño se ponía cada vez mejor, aunque el otro chico llevara demasiada ropa para ser uno de sus acostumbrados sueños húmedos.

—¿Te sientes bien?

Tampoco era la típica charla que se desarrollaba en una de sus fantasías, no que en esas situaciones hubiera mucho dialogo. Ésta más bien se parecía a las palabras del Once real. Hasta se veía como él, con su kilo de ropa holgada, sus rastas perfectamente cuidadas y esa linda sonrisa que tanto le gustaba morder.

—Me siento de puta madre —se oyó decir—. Y no en el buen sentido.

La ilusión que se parecía a su novio sonrió y se sentó en el borde de su cama, acercándole un vaso de jugo.

—Tenía miedo que no consiguiera bajarte la fiebre, no sabía muy bien que hacer, tuve que preguntarle a Bell.

“¿Fiebre?”

Echó un breve vistazo sobre el taburete que las hacía de mesita, había un cuenco con una toalla de mano doblada dentro, un termómetro y una caja de paracetamol. Ignoraba de donde había salido todo eso, en su pequeño apartamento alquilado no había siquiera una aspirina. Cuando le dolía la cabeza se ponía de mal humor y ya, no hacía nada por contrarrestarlo.

—¿Tenía fiebre? —preguntó, aunque eso no era lo que quería saber—. ¿Cuándo pasó? ¿Cómo entraste?

—Dunja me llamó. Dijo que cuando regresó a su casa estabas echado en el sofá, delirando.

—¿Te llamó? ¿Y cómo supo tu número?

—Lo buscó en tu móvil. Deja de hacer tanta pregunta y duerme.

—No voy a desperdiciar la primera vez que te tengo aquí en mucho tiempo, durmiendo.

—¡Pero necesitas descansar!

—Un carajo el descanso, quiero estar contigo —farfulló, tomándole las manos a su novio. Se sentían tan frescas que no dudó en colocarlas en sus acaloradas mejillas—. ¿Cuánto tiempo…?

—Shuus, no hables. Te contaré todo si guardas silencio. No debes agitarte.

Bill hubiera dicho que le bastaba verlo acercarse para empezar a agitarse, pero una cosa era que le gustaran las pollas y otra hablar como marica. Así que le hizo caso al chico, guardó silencio mientras éste le contaba como la profesora se había deshecho en disculpas por no poder cuidarlo ella misma, pero con el niñero enfermo debía arreglárselas para pedir el día libre y encargarse ella misma de sus hijos, que no por ser encantadores dejaban de ser demandantes. El moreno se sorprendió de la reacción de la mujer, Dunja siempre había sido amable y había tenido un trato deferente con él, pero aún así, no estaba acostumbrado a que se preocuparan de su bienestar.

Al final la profesora le había dado dinero a Once para que lo trasladara en un taxi hasta su apartamento.

Eso había sido el día anterior por la tarde, Bill no sabía que pensar cuando se enteró que Once lo había dejado pasar la noche solo. Por un lado se sintió miserable, pero por el otro resultaba hasta comprensible. Once era lo que algunos catalogarían de “buen chico”, aunque tuviera desacuerdos con su madre la quería y respetaba y no pasaría una noche fuera de casa sabiendo que ella se volvería loca de la angustia.

Aun así, que su novio se mostrara compungido por ello y le hubiera dado mil explicaciones que no le pidió – como que se encargó de medicarlo hasta que tuvo que retirarse, que cuando lo hizo se aseguró de dejar suficiente líquido a mano por si despertaba y que corrió a verlo apenas su madre se fue a trabajar–, complacieron su vena egoísta.

—¿Qué era esa mierda que leías más temprano? —inquirió, una vez se dio cuenta que nada de lo que había visto ese día había sido un sueño.

—No es “mierda” —gruñó su novio, haciendo ese ligero mohín con su nariz que le salía tan mono—. Era Yukio Mishima y pensé que te gustaría.

—¿Mishima? ¿Qué no es el tío ese que creó “Dragón Ball”?

A juzgar por el almohadazo que le llegó dedujo que su broma no fue bien recibida.
oOo

Disfrutó mucho el tiempo pasado con Once esa tarde, pese a que debió permanecer confinado en su cama todo el tiempo. (Era perezoso, lo reconocía, pero una cosa era quedarse en su adorada camita remoloneando por gusto y otra estar virtualmente amarrado a ella, tomando medicinas en lugar de aprovechar la presencia de su novio para estar haciendo algo más productivo, como besándose en el sillón, por ejemplo).

Para la tarde se sentía considerablemente mejor, Once siempre tenía ese efecto en él. Aunque supuso que el paracetamol y la limonada tuvieron algo que ver también. Sólo lamentaba que, aparte de ese suave roce de labios que lo había despertado a mediodía, su novio se abstuvo de cualquier otra demostración de afecto.

Casi se había atorado con la limonada cuando éste le había explicado como si nada que evitaba besarlo porque él – Bill- estaba “demasiado caliente”. Bastó su sonrisa maliciosa para que el chico se diera cuenta de que sus palabras se podían tomar de otra forma y se sonrojara violentamente, explicando entre balbuceos que se refería a los resabios de la fiebre y que no quería “acalorarlo más”. Lo que provocó sus consiguientes carcajadas y comentarios insidiosos.

Finalmente el rubio se había dejado convencer y se había acurrucado a su lado en la cama, sobre la colcha, sólo luego de prometerle varias veces que no le causaba molestia alguna.

Y allí estaba ahora, dormitando suavemente, con la cabeza apoyada en su pecho mientras él le acariciaba las rastas como al descuido.

Le pareció increíble que Once en ocasiones fuera tan inseguro por culpa de su vasta experiencia. Él no cambiaría esa placentera intimidad que tenía con su novio por la vida de polvos sin sentido que tuvo en su pasado.

“Mierda, me estoy volviendo marica” pensó, con una sonrisa, besando la coronilla de su chico y dejándose caer en la inconsciencia.


PD: No espero con muy buenas expectativas el veredicto de mi psicóloga, cuando vaya a control en marzo. Ella siempre ha insistido en que deje el fandom y me integre al mundo real. Creo que esto hará que se desista de sus intenciones de darme de alta... creo.